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LA CIUDAD ROMANA DE “LA CARIDAD” (CAMINREAL, TERUEL)

El yacimiento de La Caridad está situado en la parte más oriental de la Celtiberia, en el actual término municipal de Caminreal, en la provincia de Teruel; se encuentra en la margen izquierda del río Jiloca, ocupando una plataforma ligeramente elevada y bien delimitada por varios accidentes naturales. El asentamiento fue localizado en el año 1977 por un equipo del Museo de Teruel; las excavaciones sistemáticas se iniciaron en 1984, continuando los trabajos de investigación y restauración en la actualidad. La excavación del núcleo se ha concentrado desde su inicio en el sector NW, donde hasta el momento se han descubierto siete insulae, seis calles y un edificio de uso no determinado (Sector I), posiblemente de carácter público.

El surgimiento de La Caridad se produce en un periodo clave en la historia antigua de la Península: la romanización. Durante dicho periodo y en medio de pugnas constantes, las poblaciones indígenas, que poseen una cultura muy desarrollada, son dominadas por Roma y rápidamente adoptan las formas de vida de sus conquistadores. El proceso de asimilación se refleja de manera excepcional en los restos arqueológicos que se conservan en La Caridad, ciudad construida por iniciativa romana a finales del siglo II a. e., y destruida violentamente poco después, en el curso de las guerras sertorianas, hacia el año 74 a. e.

Posiblemente La Caridad desempeñara un papel fundamental en la estructuración del territorio, con funciones de centro administrativo y económico, y claros vínculos con la explotación, transformación y comercialización del hierro, abundante en la zona próxima de Sierra Menera.


El trazado urbano

La ciudad, de nueva planta, se construyó sobre una plataforma trapezoidal, ligeramente destacada del terreno, cuyos ejes máximos tienen una longitud de 620 y 240 metros. La superficie total, de 12,5 hectáreas, es prácticamente llana, con un ligero desnivel hacia el río. Se ha localizado un foso que delimita el asentamiento por los lados Norte (con una anchura de 45 m) y Oeste (de 35 m, con una posible zona de acceso por la parte central de la ciudad). En el extremo Norte se sitúa una muralla de construcción básica, formada por un terraplén de tierra y piedras de pequeño tamaño, con una anchura de 1,70 metros.

La carencia de asentamientos anteriores y la ausencia de relieve, permitieron la implantación de un urbanismo reticular fiel a los modelos teóricos, con planificación regular y uniforme del espacio, con calles perpendiculares entre sí, dotadas de calzada (ager), aceras (margines) y canales de evacuación de aguas, que delimitan una serie de bloques o manzanas de casas (insulae) rectangulares.

Las calles descubiertas hasta el momento, perpendiculares entre sí, carecen de enlosado o cualquier otro tipo de pavimentación. Constan de dos elementos: agger o calzada (4,15 metros), con ligera pendiente transversal para conducir las aguas pluviales; en algunos sectores se han localizado canales de desagüe que atraviesan la calle y desembocan en el canal y que posiblemente estuvieran ocupados por una conducción de madera; margines o aceras, de diferentes anchuras (entre 0,70 y 1 metro).

En las Calles I y VI (cardo I y decumano VI), existe además un canal de desagüe a cielo abierto, de 0,50 m de anchura y 0,50 m de profundidad. En la confluencia entre ambas vías, el canal cambia de dirección en ángulo recto, orientándose radicalmente hacia el Este. Está excavado en el terreno natural y recubierto lateralmente con grandes bloques de caliza (opus quadratum almohadillado en el lado Oeste de la C-I, a la altura de la Casa I-1). El análisis detallado del interior revela que los bloques de caliza no han sufrido ningún proceso de disolución, inevitable si hubiera circulado el agua con cierta frecuencia.


Las viviendas

Insula I. Es la que mejor conocemos, pese a que su excavación y estudio no ha finalizado todavía. Posee unas dimensiones notables (30 x 75 m), y está ocupada por un mínimo de seis viviendas; las características constructivas son similares en todas ellas, hecho que se hace extensible al conjunto de casas excavadas hasta el momento en la ciudad.

La mayor parte de las viviendas excavadas en las Insulae I y V son de planta rectangular (12 x 30 m, aproximadamente), tal vez relacionables con algunos ejemplos de casas itálicas de la Pompeya de época republicana. La misma estructura debieron tener la IV y la VII, pero el fuerte grado de arrasamiento de la primera como consecuencia de las continuadas labores agrícolas, y el desconocimiento de la segunda (solamente se ha excavado una pequeña parte), impiden establecer cualquier similitud.

La Casa de Likine (Casa I-1), ocupa una gran parte de la Insula I y es la mejor estudiada de todas las viviendas; de dimensiones notables, 915 m2 (el resto de las casas de esta manzana poseen una superficie que oscila entre los 139 m2 de la Casa I-2 y los 408 m2 de la I-5) es de planta cuadrada (30 x 30 m) y se estructura en torno a un gran patio o viridarium con ocho columnas, y posiblemente ajardinado. A través de este patio se accede a las veintiuna estancias de la casa: dormitorios (cubicula), comedores (triclinia), salón principal (oecus), cocina, espacios reservados a talleres y dependencias artesanales y almacenes. Posiblemente tendría dos pisos, el superior destinado a graneros y alojamiento de la servidumbre, y el inferior, donde se localizan las dependencias citadas.

Los espacios principales de la vivienda se encuentran pavimentados con mosaicos de tipo opus signinum (estancias 1 y 4). El de la estancia 1 (oecus) ocupa completamente la habitación (6,52 x 9,05 m); se trata de un bello mosaico con una decoración compleja y en el que lo más sobresaliente es una inscripción en lengua y alfabeto ibérico que da nombre a la casa: “Likinete ekiar usekerteku”. Aunque su interpretación es muy discutida, puede traducirse por “Likine, de la ciudad de Usecerde, la hizo”, considerando a Likine como el propietario de la casa, oriundo de la ciudad de Osicerda.

El pavimento de la estancia 4 (cubiculum), más pequeño que el anterior (2,40 x 3,24 m), presenta un campo dividido en dos superficies rectangulares cuya separación coincide con la presencia de falsas medias columnas de mortero adosadas al muro. La antecámara tiene una decoración a base de meandros y esvásticas no contiguas, alternando con rosetas de cuatro pétalos. La parte destinada al lecho está decorada con una retícula de rombos.

Insula V. Las dimensiones son similares a las de la Insula I, aunque la presencia de una plaza en la intersección del cardo I y el decumano VI reduce la superficie total habitable. Está dividida en cinco viviendas cuyas dimensiones oscilan entre 12 y 13 m de anchura (y 30,10 m de fondo), una de ellas subdividida a su vez en dos casas. La Casa V-5 parece corresponder a un gran espacio carente de construcciones, con excepción de un horno circular de piedra.


Insula IV. Corresponde a la insula perimetral Norte, limitada por la presencia de un terraplén de carácter defensivo, junto al foso excavado que delimita la ciudad en este sector. La parte trasera de las casas se adosan al terraplén, sin que exista muro de cierre similar al resto de las construcciones. Esta zona ha sufrido una intensa destrucción por las labores agrícolas, siendo muy problemática la identificación de unidades constructivas. En la estancia 14 se localizaron dos excepcionales ruedas de un carro de transporte, que tal vez se encontraban en fase de reparación.

Insula VII. Situada al Este de la Insula V, parece presentar un esquema de distribución de unidades similar a la anterior, aunque su excavación se encuentra en la fase inicial. Es reseñable el hallazgo de una estancia con hogar central excepcionalmente conservado, incluyendo un pequeño muro de protección del fuego y dos cubetas laterales.

Cronología y cultura material

El estudio de los materiales arqueológicos hallados en La Caridad nos permiten precisar la cronología y remiten, sin duda alguna, a la ya mencionada de finales del s. II / comienzos del s. I a. e.

De manera resumida hay que destacar los siguientes conjuntos cerámicos: Cerámica de barniz negro, la mayor parte de los ejemplares corresponden a Campaniense B o producciones similares; Cerámica de técnica ibérica, sin duda el grupo más numeroso, los tipos remiten a las formas clásicas, la mayoría con decoración geométrica; Ánforas: procedentes de Italia Central y del Sur de Italia; Lucernas; Cerámica común: realmente abundante en La Caridad, aunque presenta un repertorio de formas reducido, correspondientes la mayor parte a producciones de tipo local.

Un conjunto especialmente interesante es el de los morteros. En Caminreal han aparecido de dos tipos, posiblemente de fabricación y distribución regional. Interesa resaltar la aparición de dos ejemplares de borde engrosado, pico vertedor y fondo plano, decorados con dediles aplicados. Uno de los ejemplares lleva dos sellos, uno en latín con leyenda FL. ATILI/L.S. y otro en ibero con inscripción invertida bi.l.a.ke.a (i.v.)n.a.ti (n) / e.n.a (bi) n.e.r. El otro mortero, tan sólo con un sello in planta pedis, con la misma inscripción en latín comentada anteriormente.

Ambos epígrafes constituyen la excepción en el conjunto epigráfico aparecido en la ciudad; el resto de inscripciones (una tésera de hospitalidad, gran número de grafitos sobre cerámicas, una inscripción sobre aguja de bronce, otra sobre un soporte cerámico o caja, etc.) están escritas en lengua celtibérica (salvo la ya mencionada del mosaico de la Casa de Likine), hecho significativo del carácter indígena que, evidentemente, debió tener el grueso de la población que habitó en La Caridad.

En cuanto al resto de conjuntos arqueológicos hallados en La Caridad, destacan por su importancia:
El armamento. Entre la gran diversidad de armas localizadas (ofensivas y defensivas; indígenas y romanas), hay que destacar el hallazgo de una catapulta romana de torsión (scorpio), muy bien conservada; un gran número de puntas de lanza; pila ligeros y pesados; proyectiles de honda; una falcata, espadas de hoja recta, umbos de escudo, espuelas, etc.

Herramientas agrícolas (hoces, horcas, podaderas, azadas, tridentes, etc.) y relacionadas con la ganadería (esquilos, cardadores, tijeras de esquilar, campanillas, etc.); útiles artesanales: correspondientes a actividades textiles (agujas, fusayolas, pesas, etc.); a la explotación forestal y la carpintería (hachas, azuelas, sierras, cuchillas, barrenas, etc.), la forja (yunques, tenazas, martillos, etc.) o el trabajo de la piedra (compases, tallantes, picos, etc.).




BIBLIOGRAFÍA

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Museo Provincial de Teruel
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